A Carolina Schwerter Langenbach
"Enamorarse es individualizar a alguien por los signos que causa o emite".
1.- Signos; Interpretación y sobreinterpretación
" La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura"; es ésta una de las máximas más famosas de La Recherche du Temps Perdu, la conclusión a la que llega Proust en El Tiempo recobrado.
En efecto, para Proust la literatura es la vida esclarecida; es esa realidad lejos de la cual vivimos. El verdadero arte es pues ese complejo instrumento por el cual podemos desvelar un misterio que no puede descubrirse por medios conscientes y directos como pretende la literatura realista.

Deleuze y Proust por Adolfo Vásquez Rocca
Pese a todo vivimos en un mundo oscurecido, generador de incertidumbres, muchas de las cuales recaen sobre los procesos significativos. El escepticismo postmoderno, descree radicalmente ya no –como es obvio– de la verdad, sino de la posibilidad de interpretaciones validas o más bien validadas de acuerdo a un criterio externo o distinto a la ficcionalización de los relatos.
Sólo caben sobreinterpretaciones, lecturas intencionadas y maliciosas de los textos. Borges sugería leer La Odisea o La Imitación de Cristo como si la hubiese escrito Céline. Propuesta espléndida, estimulante y muy realizable. Y sobre todo creativa, porque, de hecho, supone la producción de un nuevo texto (así como el Quijote de Pierre Menard es muy distinto del de Cervantes, con el que accidentalmente concuerda palabra por palabra). Además, al escribir este otro texto (o este texto como Alteridad) se llega a criticar al texto original o a descubrirle posibilidades y valores ocultos; por otra parte, ciertas novelas se vuelven más bellas cuando alguien las cuenta, porque se convierten en “otras” novelas.

Filosofía y Arte contemporáneo Carolina Shwerter
Para profundizar estas observaciones hermenéuticas cabe ahondar en torno a la puesta en escena de la "verdad", esto es, de algunas sobreinterpretaciónes, interpretaciones sospechosas o lecturas paranoicas, que no es algo muy distinto de lo que realizan ciertos historiadores y críticos culturales para aproximarse a sucesos históricos, indagando no sólo en los hechos documentados, sino en el modo en que ciertos personajes se instalan en el inconsciente colectivo de una sociedad, generando todo tipo de interpretaciones paranoicas –más aun si estas imágenes, constituidas en arquetipos al modo de Jung, vehículos iconográficos de un método obsesivo de interpretación.
Por ejemplo tomar El proceso de Kafka y leerlo como si fuese una historia policíaca, una teoría conspirativa, una trama asociada a la mafia rusa.

Filosofía y Arte contemporáneo por Adolfo Vásquez Rocca
2.-La vocación suspendida y el Tiempo recobrado.
Los signos son el objeto de un aprendizaje temporal y no de un saber abstracto. Aprender es, en primer lugar, considerar un objeto como si emitiera signos por descifrar, por interpretar. Como el médico que se hace sensible a los signos de la enfermedad. La vocación es siempre predestinación con relación a signos. Todo aquello que nos enseña algo emite signos, todo acto de aprender es una interpretación de signos o de sobre-interpretaciones obsesivas. La obra de Proust está basada en el aprendizaje de los signos y no en la exposición de la memoria .

Como ha observado Deleuze, la Recherche es un intento de búsqueda de la verdad y si se ha denominado búsqueda del tiempo perdido es "sólo en la medida que la verdad tiene una relación esencial con el tiempo", con nosotros mismos y con nuestro interior, que es donde debemos buscar el significado de las cosas.
3.- El nombre y la unidad del mundo.
Así como para Proust la verdadera vida no es la realidad sino la literatura, análogamente, podemos considerar que no son las cosas sino sus nombres (entidades inmateriales, aparentemente formales, de una naturaleza similar a la literatura, incapaces en apariencia de contener en su seno la verdadera realidad de las cosas, como incapaz puede parecer la literatura de ser más real que la realidad misma) el verdadero objeto de ésta, el depósito en el que habrá que buscar incansablemente la verdad de los lugares y las personas. Deleuze ya apuntó que la obra de Proust es un continuo aprendizaje que consiste en "interrogar vivamente los signos" en un repetido proceso que conoce siempre dos momentos: una ilusión y una decepción. En su espléndido ensayo Proust y los signos, Deleuze distinguió cuatro tipos de signos en la obra de Proust: los signos mundanos, los signos del amor, los signos sensibles y, por último, los signos del arte, que se corresponden, más o menos, con los cuatro grandes temas (inmersos en ese gran tema que lo abarca todo, el Tiempo) de la obra de Proust. Pero, ¿no son los nombres propios los verdaderos protagonistas de la Recherche, los que indirectamente desencadenan todos los demás signos, los que en el fondo estructuran toda la obra proustiana, los que le dan vida?
Para Proust el nombre no es sólo un signo que designa sin significar, como un índice cualquiera, sino que es una realidad más "significativa" incluso que la realidad misma y que permite ser explorada, descifrada, redescubierta: "porque como para mí los nombres no eran un ideal inaccesible, sino un ambiente real donde yo iba a hundirme, la vida intacta y pura que en ellos me figuraba daba a los placeres más materiales y a las más sencillas escenas la seducción que tienen en los cuadros primitivos". Esta preeminencia del nombre, que es, ya lo hemos visto, un "medio ambiente", una flor preciosa que hay que desflorar para descubrir bajo sus capas superpuestas todo el encanto de su perfume, esta preeminencia del nombre sobre el referente, para el que cumple funciones de ascendente es el eje que estructura toda la obra de Proust. En la Recherche es la realidad la que se adecúa y se adapta a las necesidades del nombre y no a la inversa.

Filosofía y Arte contemporáneo por Adolfo Vásquez Rocca
El nombre en Proust es anterior a la cosa, que sólo es un débil reflejo de todo su potencial significativo, sugestivo y alienante para el narrador impotente ante su fuerza expansiva: el cuerpo, la persona, la ciudad son la parte formal del signo, función que en la concepción tradicional del mismo era desempeñada por el nombre, mientras que ahora es este mismo nombre el que contiene la verdad esencial del objeto.
La unidad de cada mundo estriba en que forman sistemas de signos emitidos por personas y objetos; no se descubre ninguna verdad ni se aprende nada a no ser por desciframiento o interpretación. Sin embargo, la pluralidad de los mundos radica en que estos signos no son del mismo género, no aparecen de la misma forma, no se dejan descifrar del mismo modo y no tienen una relación idéntica con su sentido. Que los signos formen a la vez la unidad y la pluralidad de la Recherche es una hipótesis que debemos verificar al considerar los mundos en los que el protagonista participa directamente.
Los signos no son homogéneos en sí mismos. En un mismo momento se diferencian, no sólo según las clases, sino según “agrupaciones espirituales aún más profundas. En cada momento evolucionan, se fijan o ceden sitios a otros signos. De forma que la tarea del aprendiz consiste en aprender por qué alguien es “recibido” en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes.

Filosofía y Arte contemporáneo por Adolfo Vásquez Rocca
4.- Las mujeres amadas y los paisajes inaccesibles.
Enamorarse es individualizar a alguien por los signos que causa o emite. Es sensibilizarse frente a estos signos, hacer de ellos el aprendizaje (así la lenta individualización de Albertine en el grupo de las muchachas). Es posible que la amistad se alimente de observación y conversión, sin embargo, el amor nace y se alimenta de interpretación silenciosa. El ser amado aparece como un signo, un “alma”: expresa un mundo posible desconocido para nosotros. El amado implica, envuelve, aprisiona un mundo que hay que descifrar, es decir interpretar. Se trata incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo del amor no sólo concierne a la multiplicidad de los seres amados, sino a la multiplicidad de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Amar es tratar de explicar, desarrollar, estos mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo amado. Por esta razón no es tan fácil enamorarnos de mujeres que no son de nuestro “mundo”, ni siquiera de nuestro tipo. Por ello también las mujeres amadas están tan a menudo asociadas con paisajes, que conocemos tanto como para desear su reflejo en los ojos de una mujer, pero entonces se reflejan desde un punto de vista tan misterioso que para nosotros son como países inaccesibles, desconocidos: Albertine envuelve, incorpora, amalgama “la playa y el rompimiento de la ola”. ¿Cómo podríamos acceder a un paisaje que no es el que vemos, sino al contrario aquel en el que somos vistos? “Si ella me había visto ¿qué había podido yo representarle? ¿Del seno de qué universo me distinguía?”.

Filosofía y Arte contemporáneo por Adolfo Vásquez Rocca
Cada sujeto expresa el mundo desde un cierto punto de vista. Pero el punto de vista es la diferencia, la diferencia interna y absoluta. Cada sujeto expresa pues un mundo absolutamente diferente; y sin duda el mundo expresado no existe fuera del sujeto que lo expresa (lo que llamamos mundo exterior es sólo la proyección engañosa, el límite que confiere uniformidad a todos estos mundos expresados). Sin embargo, el mundo expresado no se confunde con el sujeto; se distingue de él, e incluso de su propia existencia, precisamente como la esencia se distingue de la existencia. No existe fuera del sujeto que lo expresa, pero está expresado como la esencia, no del sujeto, sino del Ser, o de la región del Ser que se revela al sujeto. Por esto cada esencia es una patria, un país . La esencia no se reduce a un estado psicológico, ni a una subjetividad psicológica, ni siquiera a una forma cualquiera de una subjetividad superior. La esencia es la cualidad última en el corazón del sujeto; pero esta cualidad es más profunda que el sujeto, de un orden distinto: "Cualidad desconocida de un mundo único". No es el sujeto quien explica la esencia, es más bien la esencia quien se implica, se envuelve, se enrolla en el sujeto. Mucho más, al enrollarse sobre sí misma, constituye la subjetividad. No son los individuos los que constituyen el mundo, sino los mundos envueltos, las esencias, los que constituyen los individuos, y que sin el arte nunca conoceríamos". La esencia no es sólo individual, sino también individualizante.
Carolina Schwerter
La memoria del amante celoso quiere retenerlo todo, ya que el menor detalle puede aparecer como un signo o un síntoma de mentira; quiere almacenarlo todo para que la inteligencia disponga de la materia necesaria para sus futuras interpretaciones. En la memoria del celoso existe algo sublime: se enfrenta a sus propios límites, y, tendida hacia el futuro, se esfuerza por superarlos. Sin embargo llega demasiado tarde, ya que no ha sabido distinguir al momento la frase que debía retener, o el gesto cuyo sentido todavía desconocía.
Como se ve, la trama se complica, desde el momento en que el objeto del deseo se transforma en objeto para otro cuando no en sujeto del deseo. De hecho, se trata de uno de los principios de la experiencia amorosa tal como la concibe Proust. Porque, efectivamente, si en Proust el amor es una enfermedad incurable, es porque aparece siempre generado y catapultado por la máquina de los celos, cuya imaginación genera un discurso interminable, una producción y verificación inagotable de hipótesis. Los celos fomentan la construcción de sobre-interpretaciones de ficciones paranoicas que ofrecen una manera obsesa de habitar el mundo.
Adolfo Vásquez Rocca
PROUST Y LOS SIGNOS; UNA APROXIMACIÓN DESDE DELEUZE Por Adolfo Vásquez Rocca
En Desarrollo.

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Pensamiento contemporáneo y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Facultad de Arquitectura, UNAB. Crítico de Arte y Director de Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires, http://www.psikeba.com.ar Miembro del Consejo Editorial Internacional de la Fundación Ética Mundial de México
Miembro del Consejo Editorial Internacional de 'Cuadernos del Seminario' - Revista del Seminario del Espacio ISSN 0718-4247 Vicerrectoría de Investigación y Estudios Avanzados Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. ISSN 1669-9092 http://www.konvergencias.net/




huy........
1ºgracias....por la dedicatoria
2ºcada vez me asombras más...
3ºpodemos terminarlo juntos
4º...una vez más es interesante, pero discutible....jajajaj....
buen trabajo desde la aa. ff.
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...No necesitamos comprarnos el cielo para vivir en el...